Bienvenida inflación

La semana pasada, el Banco Central Europeo (BCE) anunció una nueva subida de tipos: el tipo de referencia pasa del 2,25% al 2,50%, afectando a créditos, hipotecas y coste del dinero en la eurozona. Christine Lagarde ha justificado el endurecimiento de la política monetaria como respuesta a un entorno de inflación elevada, impulsada sobre todo por la energía, para evitar que estas presiones se consoliden en la economía real. El principal causante: el incremento del precio de la energía, agravado por el conflicto bélico en Oriente Próximo, que ha llevado el petróleo por encima de 100 dólares y ha disparado los precios de los combustibles y el gas. En España, la inflación interanual de agosto se situó en torno al 4,5%, muy por encima de la media de la eurozona (3,3%). ¿Cómo nos afectarán dichas medidas?

El resultado será un incremento de los costes financieros, afectando a familias: hipotecas más caras y crédito al consumo (coche, electrodomésticos, reformas) a tipos más altos; empresas: encarecimiento de las inversiones (maquinaria, obras, I+D+I) y del circulante (líneas de crédito, pólizas, descuento de efectos); y Estado y autonomías (mayor coste de la deuda y más presión sobre pensiones y servicios públicos).

Cuando vienen curvas, hay que sujetar bien el volante, reducir la velocidad y mantener toda la atención en la carretera. Del mismo modo, en un contexto de menor crecimiento y mayor incertidumbre, la prioridad debe ser preservar la liquidez, proteger los márgenes y reforzar la generación de caja.

Para ello, es necesario analizar la rentabilidad por proyecto, producto y cliente, considerando tanto el margen como el consumo de recursos y las necesidades de capital circulante. Las inversiones deben priorizarse según su carácter estratégico, rentabilidad y plazo de recuperación, posponiendo las no esenciales. Asimismo, conviene optimizar los aprovisionamientos, ajustar los niveles de existencias y renegociar con los proveedores los precios, plazos y condiciones de pago. También resulta fundamental racionalizar los gastos generales, revisar los costes salariales y eliminar duplicidades o partidas que no aporten valor suficiente. Por último, debe gestionarse activamente la deuda, renegociando las condiciones de la financiación a tipo variable, valorando coberturas de tipos de interés cuando proceda y reestructurando los vencimientos para evitar tensiones de liquidez.

Es ahora cuando los empresarios, los gestores y los equipos deben demostrar que creen en el proyecto, que son capaces de hacer las cosas mejor, más eficientemente y que van a seguir hacia delante. En definitiva, se trata de asignar el capital de forma selectiva, controlar el consumo de recursos y mantener una estructura financiera sólida y flexible, a pesar de las “curvas”.